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-Disculpe. ¿Es aquí donde venden fantasías?

-Sí, caballero… Dígame. ¿Qué desea?

-Deseo una aventura con mi vecina del quinto… ¿Cuánto me costaría?

-El precio sería su mujer.

-¡¿Cómo?!

-Sí, nosotros le proporcionamos la aventura con la vecina del quinto y usted se olvida para siempre de su mujer…

-Tendré que pensarlo…. Porque… Claro…

Joder, vaya precio… María, mi mujer. La madre de mis cuatro hijos, la que ha estado conmigo hasta este momento. Pienso que no tendría ni que plantearme… La que me cuida, la buena María, la santa María… Madre mía. Aquí estoy, planteándome perderla para siempre. Y todo por Clara, la vecina del quinto, de esas que deberían ser vetadas en toda comunidad de vecinos sin excepciones, la de los tacones negros con esas suelas rojas de infarto. La que hace que me despierte cada mañana tres horas antes de lo necesario para coincidir con ella en el ascensor, cada día. Cada día desde hace quince años. Es una relación larga la nuestra, sí. Clara, la que hace que me quede en vela hasta que se hace de noche en su casa, la que hace que me sienta como un chiquillo y…

-Lo he pensado bien… Hecho! Me parece un precio más que justo.

2 Comments

  1. Joder, será la crisis, la subida de la inflación, el 21 % de IVA, qué sé yo, pero cómo han subido los precios del mercadeo carnal… Allá por las tinieblas del mundo, Adán pagó por Eva “solo” una costilla…
    Besos


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