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Y burló a su dolor extendiendo el maquillaje de lágrimas sobre su rostro… Y sonrío a su impotencia, mientras su mirada se perdía en el vacío de una vida que nunca le perteneció… Fue tal y como ella lo había imaginado;  Y en rojo se definieron los ríos que escapaban de su cuerpo, a través de unas manos cansadas de no acariciar… Acariciemos, acariciemos…


Me apetece un suelo de nubes… Y un cielo de asfalto que ponga tope a mis sueños, perdidos en el infinito de un universo que no quiso escucharme…  Y poquito más…

La esperé, pude ver como se alejaba y logré escuchar el ruido de sus tacones incluso  dormido. Dos años después continúo escuchándolos cada vez que abro las ventanas… Voy a comprar una alfombra y regreso en un par de horas… Eso me dijo. Y aquí he seguido sin querer darme cuenta… Hasta hoy, que he arrancado toda la moqueta del piso.


Me cansé de repetir en mi vida lo mucho que adoraba mis camisas y mis chaquetas. Llegué incluso a echarme unas risas con mis amigotes alardeando de que si algún día me las robaban, ya no merecería la pena vivir… Y permití que ella se enterara de que era capaz de dormirme en cualquier sitio, y que para mí, una almohada carecía de importancia, cualquiera me servía… Lo tuvo fácil para joderme el día que me echó de casa…

Así fue mi final con Eva.  A día de hoy comparto mi vida con una mujer con la que nunca hablo de mis camisas y que piensa que sin mi almohada no soy nadie.

Se dirigió hacia el sofá, la tomó en sus brazos y la besó como nunca antes la había besado, y la acarició. Intentó explicarle cuánto la había echado de menos…  Y abrazado a su recuerdo se quedó dormido; como cada noche; en su viejo sofá.

Esta noche estás especialmente bella. De nuevo me habéis relegado a un segundo plano. Hay noches como esta en las que pienso que ella me encontró preso en una lámpara y desde ese día tengo la obligación de saciar todos sus caprichos, de hacer realidad sus fantasías por encima de las mías. Nos estamos acostumbrando a ti, ella más que yo;  a ti, que vienes siempre que le apeteces y que disfrutas tanto o más que ella de ese juego que os traéis…

Sueño las noches que no vienes con ese momento mágico y cruel, cuando ella  desaparece  tras tu cortina celosa de melena morena. Ese momento en el que nos quedamos a solas tú y yo. Y es entonces, en la intimidad, cuando me sobras y soy capaz de decirte lo que siento poniéndote a salvo,  y susurrarte… “no te enamores”.


De todo y de nada, y de nada un poco, de un mar sin peces, de peces gordos, de gordos y flacos, de flacos favores, de llaves prestadas y cerraduras cambiadas, de perdidos al río, de soledad con risas, de risas de locos, de locos cuerdos y cuerdas flojas, de todo y de nada,  de nada un poco, de hablar por hablar, de escribir por hablar… Los besos no tienen color,  y en la tarde nunca veremos amanecer, ni seremos capaces de volar… Se llama vida. Sal de mar. Mar de sal.

De pequeño jugaba con un camión de tres ruedas…

La conocía desde hace tiempo. La conocía incluso antes de conocerla.

Llegó a mi vida cansada de soñarla, una noche de un mes que dejó de existir. Paula fue la madre de los hijos que nunca tuve, la dueña de mi corazón que no latía y la guardiana de mis noches en vela… Ella; dulce como el sueño de un preso, libre como un ave sin alas, inocente como el beso de una prostituta… Y de todo y de nada podría culparla.

Seguro que  pronto regresará. Antes de que mis sábanas huelan a nada;  Cuando comprenda que son almas gemelas… Mi camión de tres ruedas y su muñeco de un brazo.

 

 

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¿Y si mi vida se disfrazara de un día cualquiera? ¿Qué hora sería en mi vida?

Cierra los ojos y duérmete sintiendo el beso de una mariposa sin alas…

Cierra los ojos y moja tus sueños de lluvia sin cielo…

Y sin abrirlos, recorre lentamente el tallo de una rosa sin pétalos. Y respira el aire de una noche sin luna.

Y sin abrirlos… Vive.

Aquella mañana era de pasitos lentos, de zancadas al pasado y de sueños de acuarela. La mañana en la que ella volvía a su vida… La mañana en la que Pablo enfermó de nuevo… Se levantó como pudo y sonrío a la vida. Y como el cabrón que es, le retó de nuevo a un pulso. Único dueño de él mismo se remangó la camisa, se volvió hacia María, que seguía dormida y ajena a todo, y la recorrió en el silencio de una mañana torpe… Y ella se difuminaba ante él, mientras dos lágrimas recorrían sus mejillas. En aquel momento Pablo comprendió que el pulso lo había ganado la vida…

Jamás alcanzaremos la individualidad buscando la aceptación.

Y dicho esto, se puso de nuevo su disfraz para no tener que enfrentarse al mundo.

Hay historias que no merecen ser contadas, y otras que nos cuentan todo lo que necesitamos saber…Hay personas que no merecen ser escuchadas. Y otras en cambio, que siempre nos dicen lo que necesitamos oír… Y a estas alturas Juan no reconoce en Laura a ninguna de esas dos personas. Porque le escucha, más bien porque sabe que ella necesita ser escuchada… Porque le contesta, con miedo de contarle lo que ella no está dispuesta a escuchar. Porque él sabe que su amor murió a los diez minutos de conocerla… Y lleva treinta años esperando la ocasión para dejarla, sin herir sus sentimientos, claro.


Regresaron, los inviernos de botones sobre aquel charco de agua en el que me convertí… Jamás logré tenerle a mi lado cuatro estaciones… Y es entonces cuando a uno le sorprenden primaveras con olor a hielo y a sal. Y te ves inmerso en veranos que suceden bajo un sol de espinas; que hacen del otoño, un baile de hojas que se pierden en el mar… Así son las estaciones del que no puede amar…

Y es que, cuando uno se acuesta cada noche sobre un beso recordado, y se despierta junto a un aroma disfrazado de sábanas de algodón…  Sólo entonces se da cuenta de que aquello nunca sucedió…

Dicen, que sólo aquellos a los que les roban su amor,  se tornan ciegos ante una flor…